Cómo lograr que tu loza de barro dure toda la vida

Al igual que las deliciosas recetas de cocina que aún elaboramos, las ollas y cazuelas se heredan de padres a hijos, pero a veces, esa entrañable loza se rompe y hay que reemplazarla por una nueva, que antes de usarse debe ser acondicionada para que resista las hazañas gastronómicas de ésta y las siguientes generaciones. Esta preparación, conocida como “curar” o “curado”, garantiza que los poros del barro se cierren y nuestras piezas se mantengan como nuevas por más tiempo, de otra forma, corremos el riesgo de que se rompan en el momento más inesperado o se desgasten con rapidez. Al curar las piezas no eliminamos el plomo, simplemente rellenamos los poros, evitando que se infiltren los líquidos.

Cuando la loza nueva llega a casa, se levanta un murmullo de voces de amigos, madres y abuelas que como pepitos grillos nos aconsejan cómo curarla, que si con manteca, que si con jabón y leche, que si con ajo y cal. Nosotros, conscientes de que existen montones de técnicas que cumplen el mismo propósito y queriendo ofrecer una que sea sencilla, económica y eficaz, le preguntamos la suya a los más entrenados conocedores del barro y sus procesos, a los alfareros. Ellos nos compartieron un infalible y fácil método que consiste en untar los trastes con jabón de lavandería amarillo y fregarlos con estropajo hasta conseguir mucha espuma. Este proceso debe repetirse cinco veces al día durante una semana, al cabo de la cual, la loza se enjuaga con suficiente agua y queda lista para usarse.

Al aplicar estos sencillos pasos, los alfareros afirman que nuestras ollas y cazuelas quedarán más que dispuestas para futuros emprendimientos culinarios y una larga vida en el fogón.

¿Te animas a curar tu loza con esta técnica? ¿Tú cómo curas tus ollas?

Por: Adriana Lanni

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